¿Pedimos postre?
En O’Recanto no se viene con prisas. Se viene en coche, a las afueras de Madrid, con tiempo por delante y buena compañía: amigos, compañeros, socios, clientes… a veces con familia, a veces mezclándolo todo. Aquí las comidas son de sentarse, charlar, brindar y alargar. Y cuando parece que ya no cabe nada más, aparece ese segundo aire que solo se despierta con un buen postre.
Porque sí, también hay hueco. Filloas clásicas, finitas y doradas; filloas de chocolate o de nata para quienes no saben (ni quieren) elegir; milhojas de nata con ese crujiente que suena al partirlo; cheesecake cremoso, sin artificios; tarta de manzana reconfortante, de las que piden café; y un café irlandés que invita directamente a quedarse otro rato más. Los postres llegan, la mesa se relaja y la conversación cambia de tono. Se habla de lo de antes, de lo que vendrá después y de lo bien que se está cuando nadie mira el reloj.
En O’Recanto el plan es claro: venir con tiempo, comer a gusto y dejar que la sobremesa haga su trabajo. Y si termina con algo dulce, mejor que mejor. Porque hay comidas que se recuerdan precisamente por cómo acaban.